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EL SALON DE LA FAMA OSKURINATIS

El desquiciante día de una recepcionista en la Luna (I)

#1 Otro día más…

Un zumbido constante despierta a la pobre Silvi-ka. Levanta los párpados muy lentamente, y con un cansancio mañanero, ve a su pequeña mascota mecatrónica, un escarabajo egipcio de color verde llamado Wilsin. Tiene mucha hambre y pide desesperadamente néctar de Urano.

– Otro día más de trabajo… Por fin es el último día de la semana – piensa quejándose con un leve resoplido.

Va al pequeño baño donde se lava los dientes, se peina, se seca el pelo y sobre todo, se coloca la mascarilla cibernética para tener una piel tersa y sana. Su trabajo es muy exigente en este aspecto.

Decide desayunar una gelatina de proteína de bichos lunares y una tostada de mermelada de arándanos marciana. Todo un manjar en medio de la selva amazónica.

– Hoy escogeré unos zapatos más coloridos para el trabajo, tal vez unas zapatillas blancas y violetas – dice mientras las selecciona en el replicador.

Al cabo de unos minutos se viste y se coloca sus nuevas zapatillas. Se pone unos pendientes con rubís lunares y unas pulseras de cristales plutonianas.

– Bueno, ya estoy preparada para soportar las quejas de los extranjeros cósmicos. ¡Sé fuerte Silvi-ka!

Decide salir en dirección a la nave transportadora con destino a la Luna. Está un poco alejada de su casa ya que el punto de encuentro de los trabajadores lunares parte siempre de la orilla del río Ucayali. Su mejor amigo Wilsin la sigue por la selva hasta su destino. Ella se preocupa ya que en el Amazonas podría ser comido por algún animal más grande.

Al llegar a la orilla del río, decenas de personas esperaban el transporte con destino a la Luna. Todos tenían un uniforme tremendamente desagradable ya que tenía un logo que ponía: «El cliente siempre tiene la razón, Agencia de Extranjería Cósmica Terrestre». Por supuesto, todas las quejas del sistema solar se tramitaban en la Luna ya que, por algún motivo que aún no comprendemos, los humanos tenemos una paciencia infinita para tratar a todas las especies extraterrestres maleducadas.

Nos montamos en la nave y salimos disparados directamente hacia Mare Tranquillitatis, donde se encuentra la sede central de la compañía. Mientras la nave se elevaba por las diferentes capas de la atmosfera, la contaminación visual iba desapareciendo y finalmente, en la última capa de la tierra, nuestro planeta azul se alejaba de nosotros.

Como todos los días, Silvi-ka leía las últimas noticias mientras el transportador realizaba su viaje de unos 28 minutos.- Bueno, voy a ver como está el mundo, espero no deprimirme como siempre…

«…última información sobre los orangutanes modificados genéticamente; ya poseen conocimientos suficientes como para crear un bolígrafo. El portavoz simio, Pongo Simiusti declaró: hemos creado el bolígrafo, pero aún estamos investigando como crear papel…»

«…los campos de tulipanes de Holanda han florecido todos en rojo. Se cree es una señal de una antigua profecía que prevé la destrucción de Australia…»

«…el año próximo, llegará a la Tierra el cantante Nepturiano, Sófocles, con sus 48 músicos y sus 88 cantantes de coral para realizar un evento especial en la ciudad de Atenas…»

– Lo que me faltaba…, ahora tendremos que atender a todos los miembros de Sófocles y aprender un poco de Nepturiano…, con 14 idiomas ya tengo suficiente… – resignada la pobre Silvi-ka se puso la mano en la frente.

Al final de la nave, Martina-re, compañera de trabajo de Silvi-ka cruzan miradas saludándose con una efusividad bastante desganada.

– Hola Silvi-ka, llevo 9 días seguidos trabajando. No puedo mas…, estoy agotada. – dijo mientras mira su recién y estrenada manicura de uñas.

– Dímelo a mí que tenemos mucha burocracia atrasada en mi departamento, aunque ahora estamos mejor, sigue siendo mucho trabajo.

– Pues no te quejes, porque en el departamento de objetos perdidos aún estamos esperando a que llegue la persona que se le perdió los dos huevos para fecundar ranas venusianas. Es tan desagradable que se mueven solas, no puedo ni mirarlos.

– Pues mejor ni me quejo…, vamos a ver que nos depara el día de hoy…

Al instante se dieron un abrazo y se separaron en la pasarela de bajada del transporte.

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